Los jardines verticales son una auténtica tendencia en auge

Jardines verticales, una apuesta en auge

Un paseo en plena naturaleza invita a vivir aquí y ahora, nos aleja del ruido, de las tensiones cotidianas y aporta calma y bienestar.

Solemos decir que el aire libre nos desconecta del mundo, pero en realidad nos abraza a él. La tierra, el campo, los árboles y las plantas son un refugio para el alma.

¡Por eso nos gustan tanto los jardines verticales!

Son un cachito de naturaleza en casa. Representaciones hechas a mano con plantas de origen sostenible y preservadas de forma natural que conectan el exterior con la intimidad del hogar.

Un juego fuera-dentro que invita al optimismo y nos carga de energía.

       

En un año en el que hemos vivido restricciones y limitaciones de todo tipo, seguro que algunas de las ilusiones más hygge que tenemos en la cabeza tienen que ver con el medio natural.

Pisar la tierra descalzos, correr por un bosque en plena tormenta, el olor a hierba ya agostada o el de la lluvia recién caída. Y es que ahora los sueños son más sencillos. Hablan de libertad pausada, de raíces y esencia.

La crisis sanitaria ha impulsado la relevancia del bienestar físico y mental y el autocuidado es hoy una tendencia en auge.

Al igual que la concentración en yoga nos ayuda a alcanzar un equilibrio tanto físico como mental, existen pequeñas rutinas diarias con las que también conseguimos conectar con nosotros mismos, con nuestro entorno y alcanzar un estado de relajación y entrega.

En Fhygge buscamos, a través del interiorismo y la decoración, convertir nuestro hogar en ese oasis en el que sentirnos felices y en paz. ¡Un auténtico templo del bienestar en el que vivir cómodos y tranquilos!

Y con esta filosofía construimos nuestros jardines verticales. Para nosotros no son un mero objeto decorativo. Representan el sosiego y la armonía.

Son ese rincón de la casa que reconforta, anima y nos hace vibrar. Un muro vegetal que nos conecta a la naturaleza y nos recuerda la importancia de vivir conscientes.

Te proponemos mirar hacia esa pared que ahora late y respirar profundo.

Exhalar y dejarse llevar. Namaste.

 

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