Feng shui: energía positiva y bienestar

Orden y equilibrio. Así podríamos definir la filosofía oriental milenaria del feng shui. Una forma de entender la conexión de objetos y edificios con la naturaleza que favorece la circulación de la energía positiva y atrae la buena fortuna.

Los principios de armonía y sosiego en los que descansa el feng shui afectan tanto a los pequeños detalles de decoración como a la construcción de grandes edificios.

Hace algún tiempo leímos en un artículo que la Torre del Banco de China no encontraba inquilinos para sus oficinas precisamente porque en sus planes de construcción no se había tenido en cuenta el feng shui.

La forma y orientación del edificio, la posición de la entrada, la ubicación de sus muebles… parece que nada contaba con el visto bueno de maestros y expertos en esta filosofía milenaria.

Y no solo eso, la torre, con sus múltiples aristas, dicen que proyecta energía negativa a los negocios colindantes. Una suerte de edificio maldito en el que nadie quiere trabajar.

¿Superstición? Eso se puede pensar en origen… pero lo cierto es que es una filosofía de origen taoísta muy arraigada en la cultura oriental que se impone cada vez más en la decoración de muchos países porque ayuda a construir hogares felices y ambientes positivos.

Una forma de entender la vida que engancha. A nosotros nos encanta y comparte mucha de la esencia hygee. ¡Pruébalo y saca tus propias conclusiones!

Aquí te proponemos algunas ideas para que en tu casa la energía fluya con naturalidad.

Una entrada luminosa y ordenada. Cuando cruzamos la puerta de casa dejamos atrás la calle, el ruido, la gente… y disfrutamos del refugio. Pasamos del estrés a la calma, de la actividad al sosiego. Del ruido al silencio. Del yang al yin.

Por eso esta estancia es especialmente importante. Es frontera entre el exterior y el interior, el espacio que te da la bienvenida a casa. Si se puede, lo ideal es que esta zona cuente con luz natural. Abrir la puerta y sentir el calor del sol reconforta a cualquiera.

Además, es fundamental que en el recibidor exista un armario o similar en el que colocar las prendas propias de la calle (zapatos, abrigos, guantes, gorros…). Este guardarropa es una metáfora de lo que queremos conseguir. Ahí dejaremos las botas o el sombrero, pero con ellos también el estrés y las preocupaciones del día.

El objetivo es entrar en nuestro refugio sin cargas, pisar el suelo descalzos y dejar que la energía positiva nos invada. El feng shui apuesta también por colocar alfombras porque estas ayudan a controlar la velocidad de la energía que entra en casa, aportan estabilidad y calma. Eso sí, mejor si son de materiales naturales y de colores neutros.

Aquí te dejamos un enlace con las mejores alfombras para cada rincón de la casa.

Espejos y fotografías sí, pero no delante de las puertas.

Los espejos o las fotografías familiares pueden ser piezas clave en la decoración de nuestra casa, pero si queremos mantener el equilibrio propio del feng shui es importante no colocarlos delante de las puertas o provocaremos que la energía revote y se escape. ¡Justo lo contrario de lo que queremos conseguir!

También las plantas actúan como filtro energético de todo lo que viene del exterior y purifican el aire. Por lo tanto, apostar por las plantas es una buena idea siempre que se haga con mesura. Y… ¡ojo! No vale cualquier planta.

Mejor si las hojas son redondeadas. Las aristas, las puntas o esquinas no son bien recibidas en el feng shui, ni siquiera cuando hablamos de una hoja más o menos puntiaguda. Estas formas cortan la energía, la aceleran y la redirigen de forma inadecuada.

¿Y en las zonas de la casa donde no existe luz natural? Prueba con los jardines verticales.

Apuesta por los materiales naturales, huye de artificios. Además de cálidas y confortables, las fibras conservan mejor el chi, el flujo vital de energía.

El feng shui es sinónimo de orden.

En las casas desordenadas la energía chocará con todo tipo de obstáculos. Cuidar el orden y la limpieza es fundamental si queremos conseguir estancias armoniosas en las que la energía fluya con naturalidad. Y, en este sentido, conviene evitar tanto el ruido energético (propio de móviles, ordenadores y demás dispositivos) como el visual. Las puertas de los armarios abiertas, las estanterías abigarradas o las encimeras descolocadas generan estrés.

Los muebles tienen su lugar. En el salón es preferible que los sofás descansen contra las paredes y que su ángulo permita controlar puertas y ventanas. Y, de la misma manera, es importante que en el dormitorio la cama no quede alineada con la puerta de acceso o la corriente de energía se quedará bloqueada a los pies. Tampoco puede quedar debajo de una ventana, algo que generaría sensación de falta de protección.

¡Como ves son muchos los detalles que hay que tener en cuenta!

Aplicar un feng shui estricto que afecte a toda la casa requiere de un estudio exhaustivo y, probablemente, de ayuda profesional. Pero supongo que con estas claves te habrás dado cuenta de que hay pequeños detalles que podemos cambiar para conseguir un hogar más armónico y feliz.

Después de todo… ¡de eso se trata!

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